El Barcelona estaba supuestamente en medio de una sesión de entrenamiento cuando Hansi Flick escuchó la noticia. El partido de Liga del club contra Osasuna había sido reprogramado por la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) para el jueves 27 de marzo.
Flick estaba furioso. La nueva fecha significaba que probablemente no podría contar con los habituales Raphinha y Ronald Araujo para el imprescindible encuentro contra Osasuna, ya que apenas habrían regresado de sus compromisos internacionales con sus respectivas selecciones en Sudamérica.
También estaba el hecho de que la reprogramación significaba que el Barça de repente se enfrentaba a la desalentadora perspectiva de jugar cuatro veces en nueve días en una etapa crucial y ya congestionada de la temporada.
Flick sentía que el calendario de partidos era injusto. Inmediatamente temió que el cansancio pudiera acabar pasando factura a un equipo que aún compite en tres frentes y, en última instancia, socavar la candidatura del Barça al título español en particular. Y, con justicia, uno puede entender fácilmente por qué...